Medio centenar de buceadores andaluces se sumergen en las aguas de Calahonda para sacar la basura acumulada en las profundidades.


El algodón no engaña. No, y tampoco el contenedor de residuos que medio centenar de buceadores de toda Andalucía llenó ayer en la playa motrileña de Calahonda tras un intenso día de limpieza de sus magníficas aguas. En concreto en la playa del Rincón con motivo de la 'Primera Jornada de limpieza de fondos submarinos' organizada por la escuela local de buceo Dardanus y la Entidad Autónoma Local Carchuna-Calahonda.

Antonio y Alejandro fueron de los primeros buzos en sumergirse en las cristalinas aguas del litoral granadino tras su largo viaje desde Algeciras, en donde practican esta especialidad deportiva en el club CIES. Junto a ellos, otros aficionados a las actividades subacuáticas llegados de toda Andalucía, desde Sevilla o Málaga, se enfundaban los neoprenos, cargaban las botellas de aire y se lanzaban al mar en busca de un tesoro no demasiado deseado: la basura.

Para demostrar con su gesto ecológico la solidaridad de estos deportistas y su compromiso con el medio ambiente. «Hoy no es el día de disfrutar de la belleza de estos fondos marinos sino de echar una mano para preservarlos del peligro de contaminación que le acecha», señalaba Antonio que acababa de depositar en la playa, ante el asombro del público, una pesada batería eléctrica desenterrada del fondo del mar. A 20 metros de profundidad y entre el lodo yacía desde que alguien la lanzó, sin reparar en las graves consecuencias.

Mensaje limpio.

Desde tierra, Luis Crespo, director de la escuela de buceo Dardanus dirigía la actividad junto a varios voluntarios más. Aportando botellas de aire y agradeciendo a todos cuantos habían respondido a la convocatoria hecha a través de Internet. «Es la primera vez que se hace una actividad de este tipo en nuestra costa y, más allá de todo lo que estamos sacando, lo importante es el mensaje que queremos dar a la sociedad», resaltaba.

En efecto, esta limpieza responde a la materialización de un proyecto de limpieza y generación del litoral marino desde Calahonda hasta Castell de Ferro, uno de los mejores fondos submarinos del litoral andaluz que atrae a decenas de buceadores. Durante toda la mañana, grupos de cinco buzos trabajaron en la zona del embarcadero para limpiar el fondo. Inspeccionándolo a distintas profundidades, utilizando redes e incluso globos de aire para elevar los objetos más pesados. Apoyados por una embarcación y escoltados por una lancha de la Guardia Civil, presente en la zona para evitar que las embarcaciones se acercasen. «Es necesario preservar el espacio marino tan privilegiado que tenemos y, en ese sentido, esta jornada sirve para que todos tomemos conciencia de lo que no hay que hacer», señalaba Manuel Estévez, alcalde de la ELA, a la vista de los objetos que iban saliendo del mar. Mientras tanto, en la orilla, un grupo de jóvenes acometía otra misión no menos importante: limpiar la playa de cualquier tipo de residuos.

Provistos de sacos y de pinzas especiales, Paula, Jaime, Darío, Alberto o Lucía se afanaban en coger colillas, papeles, envases y cualquier cosa que estuviera fuera de su lugar natural: el cubo de basura. Con sus llamativas camisetas amarillas contribuyeron en la jornada soleada al bienestar del medio ambiente.


Fiesta ecológica.

Fiesta ecológica, pues, por todo lo alto gracias al aula didáctica de Limdeco que animó la mañana con los guiñoles de Alicia y Pepe que dieron una lección de cómo «Juan y Juanico, pescadores de toda la vida, no pueden casi vivir, porque el mar está muy sucio y se mueren los peces». A la postre, tras la jornada de limpieza, el contenedor quedó lleno de viejas botellas, baterías oxidadas, plásticos, trozos metálicos, ruedas de coche, botes, maderas, cadenas roídas... Un sinfín de objetos 'pescados' y expuestos para escarnio público. Los buceadores andaluces habían le hecho una cura de urgencia al maltratado mar. Una voluntariosa y necesaria limpieza 'a fondo'.